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La llegada de la vid a Chile

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La palabra vid proviene del latín “vitis” que significa enroscarse, siendo a su vez una enredadera.

El primer intento por introducir esta planta tan noble en América fue aproximadamente en 1493, durante el segundo viaje de Cristóbal Colón. Sin embargo, no tuvo éxito ya que el lugar donde fueron plantadas no era propicio para cultivarlas, debido al clima tropical y no mediterráneo, el cual es el más adecuado para el cultivo de la vid. Fue aproximadamente 30 años después
del descubrimiento de América que se plantaron las primeras parras en el Nuevo Mundo. Esto se logró gracias al respaldo de la Corona Española, viendo la necesidad de la Iglesia de celebrar el sacramento de la Eucaristía.

La introducción de la vid en Chile no está exenta de controversias. Algunos dicen
que éstas ingresaron por el Valle del Maule, otros por el Valle del Itata y una tercera hipótesis es que se plantaron parras en distintos lugares y en forma simultánea, aportando al desarrollo de las zonas locales. Eso sí, la historia confirma que el Itata es uno de los valles más antiguos de nuestro país.

Una de las versiones más aceptadas por los historiadores, es la que asegura que el fraile jesuita Francisco de Carabantes ingresó en barco por Talcahuano (cercano al Valle de Itata) las primeras estacas (sarmientos, ramas, brotes con yemas) de vid a nuestro territorio. Carabantes venía del Cuzco, donde ya se había logrado cultivar la vid con éxito.

El clima y las lluvias estacionales permitieron su crecimiento y expansión, logrando el ob- jetivo principal de la producción de vino para las actividades religiosas y el consumo local.

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