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Carmenère: a 20 años de su redescubrimiento

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LLegó a Chile a mediados deL siglo XIX, junto a las primeras variedades francesas finas, pero nunca fue identificada como cepa, sino hasta noviembre de 1994, cuando un especialista francés cambió la historia. A partir de ahí el Carmenère transitó entre la transformación en cepa emblema y el protagonismo en varias de las mezclas de grandes vinos chilenos.

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Nos guste o no la historia del redescubrimiento del Carmenère es uno de los hitos más importantes de la vitivinicultura chilena del siglo XX. La visita del ampelógrafo francés (especialista en clasificar las vides) Jean-Michel Boursiquot a los viñedos de la viña Carmen, el 24 de noviembre de 1994, revolucionó la escena nacional. Lo que muchos creían era un Merlot de madurez más tardía, resultó ser Carmenère, que se creía extinta desde mediados del siglo XIX cuando la filoxera devastó los viñedos franceses.

Se estima que la cepa bordalesa llegó a Chile desde Francia entre 1840 y 1890, escondida entre plantas de otras variedades, como el Cabernet, el Merlot y el Sauvignon Blanc y su supervivencia a través de los años se debe a que se plantó en zonas relativamente aptas para su desarrollo, donde además no se vio amenazada por la filoxera.

Muchos se frotaron las manos pensando en el diamante en bruto que podrían explotar y exportar. Una uva exclusiva, que reaparecía en Chile, de la que todos comenzarían hablar y demandar. La realidad de hoy, según un catastro que elabora anualmente el SAG, indica que el 2014 el Syrah desplazó del cuarto lugar al Carmenère en el ranking de las cepas más plantadas en Chile.

El Cabernet Sauvignon y el Sauvignon Blanc continúan siendo por lejos las variedades que más vende Chile en el extranjero. Son el Pinot Noir, el Syrah y el Malbec las cepas con los mayores crecimientos, con alzas de 32,6%, 16% y 10,2% respectivamente.

Una de las estrategias planteadas como imagen para el vino chileno, tal como lo tiene Australia con el Syrah o Argentina con el Malbec, por ejemplo, era transformar el Carmenère en emblema nacional, una estrategia que no ha logrado el consenso necesario ni el convencimiento de los especialistas. Al ser un descubrimiento tan reciente, los vinos hechos con esta cepa distinguen, pero aún no son sobresalientes.

Varios enólogos concuerdan que posiblemente no sea el mejor cepaje de Chile. Es el Cabernet Sauvignon, especialmente el que proviene del Valle del Maipo el que reúne más méritos, por sentido de origen y autenticidad.

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¿En qué está hoy el Carmenère?

En términos vitivinícolas hoy se sabe que el Carmenère tiene un ciclo largo de madurez, que prefiere suelos profundos, con baja retención de humedad y un clima relativamente caluroso. Estas condiciones se dan sobre todo en los valles de Colchagua y Cachapoal y también en algunos sectores del Valle de Aconcagua, tres zonas que han recibido importantes reconocimientos internacionales por sus carmeneres.

Hoy la variedad ocupa el 8% de la superficie de viñedos del país y entrega un porcentaje similar de vinos con denominación de origen. Si nos situamos en el contexto internacional, nuestro país tiene el 84% de la superficie total cultivada del mundo de Carmenère y es el mayor productor con 94 millones de litros (2013), de los cuales 21 millones fueron exportados a Brasil, China y Estados Unidos, sus mayores consumidores.

Aunque muchos no lo sepan, al Carmenère también es conocido como Grande Vidure y pertenece a la gran familia del Cabernet. De hecho la Viña Carmen fue una de las primeras bodegas en etiquetar en sus botellas aquella cepa redescubierta. El vino fue un Reserve, Grande Vidure/Cabernet Sauvignon, Maipo Valley 1994.

El nombre Carmenère alude al color carmín que toman sus hojas en otoño, luego de la cosecha. Cuando las parras están plantadas en lugares adecuados, los vinos de esta uva, de acidez baja, llaman la atención por su profundo color rojo granate, amplio cuerpo, aromas dulces y especiados y por sus taninos suaves y redondos que le dan una textura sedosa.

La oferta de carmeneres en supermercados y tiendas especializadas es amplia y variada: hay mezclas tintas con distintas variedades (sobre todo con Cabernet Sauvignon, que le aporta estructura y acidez), como solos o varietales. Muchos fanáticos de los Carmenère gustan de esos taninos redondos y sedosos, que los convierten en vinos agradables y fáciles de beber.

Las notas herbáceas y especiadas en boca de los Carmenère son ideales para acompañar platos suavemente picantes, como de la cocina oriental. También combinan perfecto con preparaciones chilenas, como porotos granados y pastel de choclo. Siempre es recomendable bajarles un poco la temperatura a los vinos y beberlos más frescos. Incluso los tintos. Salú!

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1 Comentario

  • Debo hacer una excepción a lo indicado por el escritor de este artículo. La historia de como se “resolvió” que el vino era carmenere y no merlot fue un poco más extensa, e involucra a otra Viña.

    Resulta que en el año 1994, mientras se realizaba una reunión de importantes viñateros, uno de estos invitó al ampelólogo que se encontraba invitado a su viña para que lo ayudara con una parra plantada como Merlot y que no parecía ser Merlot. Al llegar a esta viña, la persona en cuestión llevó al ampelólogo a las parras y le mostró las hojas, a lo cual la respuesta inmediata fue “esto no es merlot, pero no se que es”. El se llevó algunas hojas para estudiarlas, y luego de viarios días, recorriendo otra viña, El ampelólogo Jean-Michel Boursiquot indicó que la hoja que habían sacado desde la viña de su amigo, era Carmenere.

    La viña en cuestión es viña aquitania, y lo que en esa época era Carmenere, hoy se encuentra plantado con Syrah, en la esquina sureste de la viña.

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