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El rosado que marca tendencias

Botellas rosé

La elaboración de un vino rosado (o rosé) es muy similar al de un vino blanco, pero la diferencia es que se ocupan variedades de uvas tintas. Lo que se hace es cosechar las uvas tintas tempranamente (como un blanco), para lograr una graduación alcohólica más baja y mayor frescor gracias a su acidez.

El proceso se inicia en la selección de los racimos, que depende del vino que se quiera hacer. Luego se despalilla y se pasa por la moledora. En la etapa de maceración (contacto entre las pieles y el jugo de las uvas) se determina el estilo y el color que tendrá el vino. Por eso, los vinos rosados van desde tonos rosa pálido, hasta vivos colores rojos como de frambuesa.

Una vez logrado el objetivo del color se extrae el jugo de la reciente maceración
y se procede a prensar el resto. Hay otros casos en los que los racimos completos se llevan a la prensa omitiendo el proceso de despalillado y de macerado y se empieza a prensar de inmediato. Así, se obtienen vinos rosados muchos más ligeros en color.

Una vez hecha la fermentación alcohólica el vino puede llevarse a barricas o cubas, con el objetivo de criar el vino dependiendo del estilo, o también puede estabilizarse, filtrarse y pasar a embotellado.

Los vinos rosados se pueden hacer de cualquier variedad tinta, de hecho en el mercado se pueden encontrar con rosados de Cabernet Sauvignon, Malbec o Pinot Noir y hoy de variedades nuevas como Garnacha, Carignan y País, entre otras.

Personalmente creo que para un rosado lo más importante es que tenga carácter. Los invito a tomar rosados. Créanme, se van a impresionar. Son ideales para un aperitivo. Estamos a tiempo, el verano recién comienza.

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