Sobremesa Vinos

La noche vino

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Muchos asocian tomarse un trago en la noche con algo fuerte, ya sea para el esperado viernes o en su defecto el sábado. Para la mitad de semana, en una junta con los amigos una cerveza bien helada puede sonar perfecto o bien una celebración más liviana con algunos espumosos. Mi recomendación en este número es hacer algo similar, pero que conlleva algo más que sólo un “trago”.

Podemos disfrutar la noche al descorchar una botella (la que tengan por ahí), sentarse con quien sea, respirar profundo, conversar, preparar algo para comer y dejarse acompañar. Una experiencia hasta temprano o bien hasta altas horas de la noche. Para el fin de semana o en la mitad de la ajetreada jornada laboral. Da lo mismo. El acompañamiento nacional funciona perfecto.

Es que vale la pena recordar que nuestro vino es tan chileno como la piscola. Hagamos honor a esto y en las noches de nuestro país, consumamos lo nuestro, consumamos local. Una invitación que se puede concretar yendo a los nuevos restaurantes especializados en vino, preparando “tragos” con esta bebida como la Sangría y el Clery o simplemente abriendo una botella de blanco o tinto en la casa con amigos. Somos de los países que más consumimos alcohol, pero de los que menos consumimos ¡nuestro alcohol! (Es aquí donde un poco de chauvinismo nunca viene mal).

Los vinos que acompañan una buena noche chilena, podrían ser tintos livianos como el Pinot noir, País o los nuevos Pipeños, los cuales están dando mucho que hablar en la industria. Por otro lado están los vinos más “pesados”, que dependiendo del estilo de la bodega o viña podemos encontrar a destajo. Entre éstos anotamos los Cabernet-Sauvignon, Syrah, etc. Los clásicos que generalmente consumimos con quesos o con carnes junto a la parrilla.

Finalmente, por el lado de los blancos -los que se toman a una temperatura más baja que los tintos- puede ser un Sauvignon blanc si se prefiere algo liviano y un Chardonnay o Rosé si se prefiere algo con más cuerpo. Debido a la temperatura de consumo se podría pensar que esta alternativa es algo más veraniega y se escapa de nuestra temporada gélida, pero insisto: sobre gustos no hay nada escrito y como chilenos ya estamos acostumbrados a los extremos y esos fenómenos climáticos que no condicionan nuestro vaso o copa. Si la piscola la tomamos siempre bien helada, aún en invierno, no creo que exista algún inconveniente, ¿no?

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