Sobremesa Vinos

Levántate y camina

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Una buena historia para contar: El año 1994, sí, hace sólo dos décadas, el mismo año en que se jugó la Copa Mundial de Fútbol de EEUU, revivió el Carmenere en Chile. Sí, el mismo año en que asume como Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle (que dicho sea de paso, hoy cuenta con un vino titulado con su apellido) y el mismo año en que se realizó la beatificación del Padre Hurtado, la cepa y variedad del famosísimo Carmenere resurge desde la misma muerte en las entrañas de nuestro país. ¿Cómo es eso? Bueno, después que en el año 1870 una plaga llamada Filoxera proveniente de Norteamérica atacara los viñedos de Francia y Europa, está maravillosa cepa se dio por extinta al no quedar más vestigios de su variedad.

En tanto en Chile, que no fue afectado por la plaga debido a nuestra geografía y nuestras barreras naturales contra plagas fitosanitarias (pensemos en la Cordillera de los Andes por un lado, el Océano Pacífico por el oeste, el desierto más árido del mundo por el norte y la Antártica por el sur) la cepa que aún vivía en estas lejanías fue confundida con el Merlot. Eso hasta su redescubrimiento en plena época noventera. Este hallazgo insólito que revolucionó el mundo del vino fue hecho por Jean-Michel Boursiquot, quien se dio cuenta recorriendo viñedos en Chile y evaluando las cepas mediante la ampelografía (ojo si no sabe qué significa eso, no se preocupe, la gran mayoría tampoco: es el estudio de la morfología y reconocimiento de las variedades, mediante la forma de las hojas, tamaño de los frutos y color, entre otras características).

A partir de todo esto la cepa se transformó en algo único en el mundo y por lo tanto algo que había que explotar a nivel país. Bastó poco para que así esta variedad pasara a ser la cepa que nos identificaría a nivel mundial y nos diferenciaría del resto del mundo, poniendo el sello de Chile en las más importantes copas del globo. Especialmente gracias a la variedad que se da muy bien en el Valle de Colchagua (famoso en todo el mundo por esta cepa), así como también las del Valle del Maule y del Maipo.

Lo que diferencia de esta cepa de las demás variedades tintas, es que es una cepa de maduración tardía, por lo que es la última en llegar a las bodegas con una semana y hasta dos semanas de diferencia con las otras cepas oscuras. Esto implica que se debe trabajar muy bien el viñedo para obtener una uva de calidad apropiada para este ejemplar y por ende un vino de la correspondiente calidad. Otra característica es que en algunos casos posee aromas herbáceos (algo como el pimentón) muy marcados, que pueden resultar algo molestos para algunos consumidores extranjeros no acostumbrados a esta variedad, pero aún así hay ejemplares especiados, frutosos que por supuesto dependen del lugar de donde venga y siempre de la calidad. Con todo esto dicho, el Carmenere es uno de los vinos tintos más suaves en la boca y también uno de los más coloridos, por lo que lo hacen perfecto para un 18 de septiembre cargado de empanadas, parrillas y anticuchos. Un verdadero Lázaro de los vinos que se debe celebrar con chauvinismo.

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