El Servirsen Gastronomía

Pochados Florentín era su nombre

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Cuando era tan sólo una mocosa mi fascinación por el huevo se limitaba básicamente a los revueltos y no me interesaba probar más. Un buen día alguien me desafió a comer un huevo a la copa, algo que yo veía como comer gato crudo (que estúpida e ignorante). Como yo ya venía ganando varios desafíos de comer hormigas y cochayuyos, accedí.

Por supuesto que volví a ganar y también gané un gran amor. Después llegó a mi vida el huevo pochado, algo que sólo la realeza y Paris Hilton tenía acceso, según yo, averigüé y descubrí que también podía poseerlos en los restaurantes de moda.

Pero el verdadero amor explotó un buen día de sol, cuando supe que el pochado era un keeper y quise viajar por el Caribe con él.  Fue ahí cuando llegó, muy precioso, arribita de un altar de espinacas, en El Baco. Pochados Florentín se llamaba.

Durante 3 años los iba a visitar de vez en cuando, teníamos un precioso romance open minded hasta que un día desaparecieron de la carta y el mozo pronunció esas palabras que rompieron mi corazón “Ya no están en la carta”, así como si nada.

Luego llegó una moza y le pregunté con la voz quebrada si no había algo coronado con un poché, mi cara de desilusión la descolocó. Al rato llegó con mi amante bandido, tal cual yo lo recordaba. Mi corazón soltó unas lágrimas de emoción y lo atesoré en mi estómago, en donde tiene el trono que se merece.

$4.200, Baco, Calle Nueva de Lyon 113, Providencia, Santiago.

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