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Tintos que se mezclan (y también se beben)

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¿Malbec con País? ¿Syrah con Garnacha? O ¿César Noir con Carignan? Así son algunas de las mezclas tintas menos tradicionales, que buscan vinos con mayor identidad. La idea es que cada cepa aporte lo suyo en los ensamblajes y que el resultado no se transforme tan sólo en una sumatoria de las partes. Complejidad o versatilidad, lo cierto es que el mercado tiene interesantes apuestas para darle nuevas experiencias al paladar.

No tengo predilección por los vinos monovarietales, pero tampoco por las mezclas tintas. A los vinos hay que apreciarlos en su resultado final, sin importar si son de una sola cepa o una combinación de varias de ellas.

Muchos dicen que mientras más cepas tengan los vinos tintos serán mejores, pero esa afirmación es discutible, porque muchos de los grandes vinos del mundo son hechos con un solo tipo de uva: los tintos de la Borgoña con Pinot Noir o los Barolo del Piamonte con Nebbiolo son claros ejemplos.

Nuestros vinos siempre se han caracterizados por ser más tradicionales y en especial los tintos hechos de distintas variedades generalmente mezclan Cabernet Sauvignon con Merlot y algunas veces pequeñas cantidades de Cabernet Franc, por poner un caso. El Carménerè también da un buen resultado cuando acompaña al Cabernet Sauvignon, aportando su textura más sedosa, en un cuerpo que generalmente es pura potencia.

En general lo que buscan los enólogos es lograr un mayor equilibrio en su mezcla final con el aporte de cada una de las variedades. Y hay muy buenas novedades al respecto. La ansiedad por innovar ha llevado a algunas viñas y productores a sacar al mercado tintos con nuevas mezclas, algunas impensadas hace un par de años atrás, pero que se la juegan por mostrarnos un país que apuesta por la diversidad. Y eso es más que entretenido.

 

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