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Viaje al corazón de las cepas blancas en Chile

Viñedos Valle Leyda 4

La industria chilena del vino y el consumo han estado fuertemente anclados en las variedades tintas, como el Cabernet Sauvignon, el Merlot o el Carmenère. Solo una cuarta parte de la superficie plantada en nuestro país (35.840 hectáreas) corresponden a variedades blancas. Sin embargo la versatilidad y carácter de varias de ellas permiten que sean desde aperitivos hasta vinos dulces para probar quesos y postres.

De las variedades blancas solo el Sauvignon Blanc y el Chardonnay tienen tres cuartas partes del total, un dominio absoluto que muchas veces nos habla silenciosamente de lo poco innovadores que somos a la hora de elegir vinos para brindar o simplemente acompañar nuestras comidas.

Pequeños, pero importantes impulsos, se han dado, por ejemplo, con el Moscatel y el Semillón, dos cepas blancas que se encuentran principalmente en los valles del Maule, Itata y Biobío, viejas parras que enólogos y productores han rescatado del olvido para hacer interesantes vinos, una vuelta de tuerca a los clásicos sabores frutosos de Casablanca.

La familia de las uvas moscateles es una de las más antiguas del planeta. A Chile llegó durante los tiempos de la Colonia, de la misma manera que la cepa País. Las buenas cualidades del Moscatel se reconocen también en el norte, donde es la variedad más apreciada para la producción de Pisco y para elaborar el vino dulce pajarete.

No se extrañen si escuchan hablar más de la antigua variedad Semillón, que en algún momento tuvo vinos aburridos, pero que hoy renace silenciosamente gracias al interés de cinco viñas (Aresti, J.A. Jofré, Casas del Toqui, Carmen y JBouchon) por mostrar sus bondades. Las bodegas nacionales se unieron en una inédita cata para dar a conocer sus Semillón y la diversidad de estilos que pueden darse.

Otras variedades blancas imperdibles son el Riesling y el Viognier. Chocalán, por ejemplo, tiene un par de hectáreas plantadas en el sector de Malvilla, Valle de San Antonio, a pocos kilómetros del océano. Son parra jóvenes que poco a poco comienzan adaptarse a esos terrenos y a dar buenos vinos.

Dentro de las cepas aromáticas blancas, el Viognier ha ido ganando terreno entre consumidores. Su versatilidad le permite variar en distintos estilos, que van desde frescos varietales, hasta versiones más intensas y voluptuosas, especial para una tarde otoñal de comida más casera. Cuando vayan al supermercado o la tienda de vinos no se olviden que el mundo no es solo Chardonnay o Sauvignon Blanc.

 

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