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Vinos fortificados: el secreto mejor guardado

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Los vinos fortificados se producen de una manera distinta a los convencionales. Una de las principales diferencias es que en el proceso de fermentación se les añade alcohol “natural”, principalmente Brandy.

Este proceso se le conoce con el nombre de “encabezado” y consiste en terminar con la fermentación alcohólica (matando las levaduras) en alguna etapa intermedia o final, consiguiendo vinos fuertes pero dulces a la vez y secos en otros casos.

La graduación alcohólica de los vinos fortificados viene entonces de dos procesos: del “encabezado” y de la fermentación producida por las levaduras. En los distintos estilos de vinos fortificados que se producen, ya sean dulces o más secos, el azúcar residual es aquella que no alcanzó a fermentar.

Los más populares, no por eso los mejores, son los vinos de Oporto, que adoptaron el nombre de esta ciudad portuguesa y se producen en la bodegas del valle del Duero (Douro).

Las bodegas del valle, transportaban los barriles en embarcaciones río abajo hasta la ciudad. Las marcas más famosas son Croft, Taylors, Niepoort, Grahams, Fonseca, entre otras. Las variedades utilizadas para producir este vino son Tinta Barroca, Touriga Nacional, Malvasia.

En Portugal también existe otro lugar donde se produce vino fortificado este es el Madeira. Llamado de la misma forma que una isla volcánica ubicada al sudoeste de Portugal. Las principales variedades para producir este vino son Malvasia, Verdelho y Tinta Negro Mole.

Otro de los vinos fortificados populares es el Jerez (Sherry en inglés), estos provienen de la región de Andalucía en España. Se ocupan principalmente variedades como Pedro Ximénez y Palomino Fino. Hay varios estilos de Jerez: Fino, Manzanilla, Amontillado y Oloroso. Los productores más conocidos son Bodegas Tío Pepe (aquí en Chile). Si van a España prueben La Gitana, Gonzalez Byass y Molino Real, entre otros.

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