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Vinitos asoleados

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¿Sabías que la región vitivinícola más grande de Chile es la Región del Maule? Con un poco más de 53.000 hectáreas de vides plantadas (FUENTE: último catastro del SAG 2018), esta región se corona desde la época de la colonia como el gran productor de vinos a nivel nacional. El nombre de la región significa “río de lluvia” en mapudungun, el cual, en la actualidad no le hace mucho honor, ya que la región completa sufre de una sequía importante hace por lo menos 10 años, lo cual transforma su principal actividad: la agricultura, en un desafío año a año donde se cruzan los dedos cada invierno para que llueva.  Maule es extenso y presenta un clima continental con inviernos fríos acompañados de sopaipillas junto con un rico vino navegado, y un verano muy seco y caluroso con temperaturas que superan los 30°C. 

Al traspasar la frontera regional, ya sea desde el norte o sur, el paisaje se torna en un carnaval de diferentes plantaciones de frutas y verduras. En verano los productos que más se cosechan son  cerezas, sandías, tomates, maíz, y llegando a finales de febrero llega el tan esperado momento de la vendimia. Las vides son definitivamente protagonistas en el valle, y hoy nos internaremos en un sector de la región que, si bien no todos conocen, es uno de los más importantes, tanto por su calidad de vinos como por su carga histórica y patrimonial.

Si miramos el mapa, hay una zona que destaca y se encuentra delimitada por el río Mataquito por el norte y el río Biobío en el sur. Este es el famoso “Secano Interior Costero”, lugar que destaca por tener vides plantadas sin riego. Se preguntarán, ¿cómo sobrevive esa parra sin agua? La vid es capaz de estirar sus raíces por varios metros bajo tierra, y ella logra alcanzar las napas subterráneas para beber agua y sobrevivir. Es una luchadora, sufrida y fuerte que entrega fruta de gran calidad, ideal para todo estilo de vinos. Aproximadamente dos tercios de la producción corresponde a vinos tintos, y el resto es blanco. Con ambos colores se puede elaborar un vino muy particular único en Chile, oriundo del Secano Interior, el señor “Asoleado”.

¿Qué es el asoleado?

Antes de hablar del vino, partamos por la palabra asoleado. Esto viene de asolear o de exposición al sol. Es un proceso de deshidratación natural, hecho de forma manual, lo cual es clave para este tipo de vinos. Cuando se cosechan las uvas en el campo, dependiendo del estilo del productor, la fruta se puede asolear ya sea colgando los racimos en alambrados en corredores o pasillos de la viña, algunos usan las mismas parras para colgar los racimos amarrados en él, y otros asolean las uvas en el suelo, bajo tenderos (que son cubiertas de tela para dar sombra).  

Este proceso se puede extender desde 2 semanas hasta 45 días, dependiendo de la temporada. Durante este periodo la fruta pierde agua y concentra el preciado néctar dulce natural. Una vez culminado el proceso de asoleado, las uvas viajan a la bodega para ser vinificadas. El proceso no agrega mosto concentrado ni alcohol vínico, sino que se trabaja solo con lo que se obtiene de manera natural de las uvas. 

La fermentación alcohólica se permite hasta que el vino alcance un 15% ALC, y a veces un poquito más (dependiendo del productor). Una vez lista la fermentación alcohólica, el vino puedo o no pasar a una barrica a descansar por un periodo de tiempo. Vale mencionar que, si entran a barricas, generalmente son de varios usos. 

El resultado final es un vino generoso, de color intenso y de aromas marcados. Cuerpo oleoso y gran retrogusto. Un vino por sobre todo delicado y que no cansa al beberlo.

Para la elaboración de vinos asoleados se puede usar cualquier variedad vinífera, ya que la Ley de Alcoholes en Chile no especifica eso, sin embargo, por tradición, las cepas más recurrentes son la tinta País, o las blancas Torontel, Moscatel o Blanca Ovoide (única de Maule).

Antes de probar este tipo de vinos, por favor no olvidar enfriarlo, a unos 4 o 6 C° (dejar en el refrigerador). Los asoleados hechos a partir de uva País, con solo mirarlos en copa, presentan un color rojo cereza muy profundo, hermoso y brillante. Al mover la copa es evidente como se adhiere el vino al vidrio como aceite. Aromáticamente es una fiesta de aromas oscuros, digno de una juerga nocturna. Es terroso en ocasiones y la nota a ciruela madura negra es evidente. En boca es dulce, y fresco a la vez, con hermosa acidez y sedoso, el retrogusto es eterno, y baña el paladar completo dejando una estela de fruta. Generalmente se sirve en copas más pequeñas, ya que al ser dulce se bebe menos cantidad que los vinos secos (esto dependiendo de los gustos de la persona). Es perfecto para beber después de una comida, junto a un postre, por ejemplo como una tarta de higos, un chocolate negro, o para los mas osados algún queso maduro. Nosotros lo hemos probado acompañado de un arrollado de huaso tibio o también solito sin acompañamiento después de un almuerzo. Es un perfecto compañero para terminar la jornada, como una pequeña inyección de azúcar para terminar feliz el día (en vez de comer postre).

La experiencia al probar un asoleado elaborado con una variedad blanca cambia en vista el color, en donde el dorado intenso casi cobrizo es quien pinta la copa esta vez. En nariz los aromas mutan desde frutos carozo maduro en almíbar, como duraznos en conserva y nísperos, a aromas más complejos como la miel cruda y bizcocho. Es agradable y tranquilo. En boca si bien uno espera un vino dulce, lo que predomina es una acidez hermosamente desarrollada, la cual viaja a las encías y las estimula, mezclándose con el dulzor del vino que curiosamente no es un dulzor hostigante, todo lo contrario, es sutil y liviano. Los sabores son consecuentes con los aromas, lo cual lo hace un gran compañero con postres con un nivel de acidez obvia, como una tarta de manzana, un kuchen de nuez, quesos maduros como el azul Roquefort, o solito para disfrutarlo en su esplendor máximo.  

Si nunca han probado un asoleado, no duden en hacerlo. Existen algunas bodegas que lo elaboran y son accesibles de encontrar en el mercado. El precio no es el más económico, pero hay que recordar todo lo que conlleva elaborar una sola botella de patrimonio envasado: Todo el trabajo es manual, desde la selección de las uvas en el campo, colgar miles de kilos de racimos, cuidarlos de los insectos, y luego elaborar el vino propiamente tal. Además, hay una pérdida importante de racimos al principio del proceso, ya sea por las avispas o la humedad, por ende, lo que logra llegar a ser vino al final, es menos de la mitad de lo que se cosechó en un principio, convirtiendo este producto en algo muy especial y hecho con esfuerzo y dedicación. 

Un dato importante del asoleado es que fue uno de los primeros vinos en ser reconocido con Denominación de Origen protegida en Chile en 1953 (junto con el Pajarete de Huasco). Si bien tuvo una baja y fue olvidado en la historia, hoy gracias a la revalorización del patrimonio y productos locales representativos de la zona, el asoleado está renaciendo en la industria, y es muy apetecido por el rubro, dejando la vara en alto en concursos y catas a ciegas a nivel nacional e internacional. Algunos productores que puedes encontrar hoy: Erasmo, Cooperativa de Loncomilla, Cancha Alegre, Clemente Urrutia y varios otros productores más pequeños.

Cuando descorches uno de estos vinitos, recuerda alzar la copa por el patrimonio y todo el trabajo en bambalinas de este gran producto. ¡SALÚ…!                                                               

 

 

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